El Anillo

(For English version: “The Ring”)

Querida Lindsey,

Mi mama me entrego el anillo con una amplia sonrisa que enmarcaba el significado del ringregalo. Era un anillo muy pequeño, del tamaño adecuado para mi dedo de 7 años. “Este es un diamante DE VERDAD” dijo entregándome la pequeña fracción de un carate montado en una argolla 4. Ella me explico que compro el anillo antes de que naciera y que lo conservó  para cuando fuera lo suficientemente grande para usarlo.

A penas podía creer que me permitiera tenerlo en mis manos – ¡cuanto  menos tenerlo en MI talla! – Le di las gracias y sentí ese calor especial en mi corazón, aquel calor que mi piel de búfalo normalmente trataba de hacer a un lado. Y salí a jugar.

“Espiro” era mi deporte favorito. Es un juego de dos personas que consiste en estar de pie al lado de un poste con una “pelota” amarrada a la parte más alta del poste. Una persona golpea la “pelota” en un sentido y la otra persona de regreso, con mayor fuerza. Mientras los oponentes golpean la pelota, ella va ganando más altura. Mi truco consistía en golpear la pelota fuertemente en ángulo, justo para que no pudiera alcanzarla mi oponente, así regresaba a mi alcance para poder repetir el mismo golpe cada vez. El juego aumentaba de velocidad cada vez que la cuerda se hacía más corta, hasta que llegaba a su última pulgada y se declaraba un ganador.

grassFue al final en uno de esos juegos en el patio trasero del vecino cuando me di cuenta que el anillo que había estado en mi posesión por menos de 24 horas estaba perdido. Busque cerca del poste, peinando el pasto con mis dedos sin éxito alguno.

Con el corazón roto y enojada conmigo, no podía evitar de pensar que debía haber sido “Una niña buena” jugando con muñecas o maquillaje como las otras niñas – entonces no habría perdido el anillo.- De manera pecaminosa no le dije a mi mama de la pérdida, pensé que se tardaría en percatarse unas semanas y pues confesar la pérdida hasta entonces, sonaría mejor que “lo perdí en las primeras 24 horas…”

Además” pensé “De todas maneras yo no quería ese anillo. ¿¡Quién quiere algo que no se queda en su lugar al jugar espiro?!

Esa era mi naturaleza; al sentirme derrotada no me reprocharía a mí misma que no pude ganar (o conservarlo) sino convencerme de que era algo que de todas maneras no quería, era más fácil que admitir que necesitaba cambiar.

Regalo de Aniversario.

En nuestro aniversario número diez, Chris decidió regalarme un anillo. Al búfalo en mi le gustaba la idea de un anillo simple, nada de “piedras molestas” que se quedaran atoradas en mis bolsas cuando me daba frío en las manos. Chris tenía una idea diferente.

El Solitario era un diamante para ser admirado por quien lo viera. El corte redondo acentuaba los colores que solo Dios pudo poner en una gema tan hermosa. Su claridad atraía la luz, multiplicando los reflejos en el techo de la tienda como pelota “disco”, para mi mayor vergüenza.

¡Lo compramos!” dijo Chris, mientras yo con pena le decía “¡Cómo crees!” pero por dentro, me sentía bien siendo tratada así de bonito.

La tienda lo ajusto al tamaño de mi dedo como un guante; aunque cualquier guante que se intentara poner sobre este anillo no me quedaría. Chris brillaba de orgullo mientras nosotros íbamos a nuestro resort en el que pasaríamos la noche. Tuvimos una tarde encantadora celebrando nuestra primera década juntos, yo portaba mi anillo con orgullo, casi queriéndolo mostrar a perfectos desconocidos, como lo hice con mi anillo de compromiso cuando Chris me hizo la pregunta en Pittsburgh, PA una década antes.

Me sentía amada.

La mañana siguiente, me levante temprano y salí fuera para disfrutar el amanecer y un tiempo a solas con Dios. Al recordar la tarde anterior en el diario de mi mente, un sentimiento de tristeza me rodeo. Me sentía falsa. “Ni siquiera me GUSTAN los anillos. Se me olvida ponerme la joyería que ya tengo! No soy lo suficientemente bonita para tener personas viendo mis manos. Mis uñas están despostilladas; mis manos son ásperas porque yo no sé cómo ‘comportarme como una dama’. No puedo fingir esto, yo no soy una chica de joyería, ¿se le olvido acaso quién soy? ¿Dónde he estado? Yo no valgo la pena el precio que se pagó y ¡mucho menos su belleza!

Mientras continuaba intentando leer mi Biblia, estos pensamientos degradantes continuaban. Comencé a planear cómo regresar el anillo, cómo decirle a Chris. Lágrimas rodaron por mis mejillas, pensando cuánto le íbamos a deber a la tienda por hacerlo de mi tamaño, incluso si nos iban a regresar el dinero. El remordimiento se desbordo al pensar que lo estuve usando la noche anterior como una falsa – fascinada por su brillo, como si me lo mereciera. El conflicto seguía vibrante en mi corazón cuando Chris se despertó y vino a donde estaba sentada.

¿¡Tienes puesto el anillo!?” me preguntó emocionado mientras se acercaba viendo mi mano.

Seque las lágrimas de mis ojos y le confesé mis pensamientos. “No puedo poseer un anillo así. Yo no soy nada para usar algo así de valioso. Hay que regresarlo a la tienda. Hoy. Podemos ver si nos regresan nuestro dinero, aún si tenemos que  pagar por los ajustes. Lo siento. Nunca había tenido un caso tan tremendo de remordimiento por una compra

Chris se me quedo viendo atónito por una fracción de segundo, se hincó sobre una rodilla, tomo mi cara entre sus manos y dijo firmemente, “No vamos a regresar este anillo. Tú no puedes tener remordimientos por la compra porque tú no compraste el anillo, yo lo compre. Es mi regalo para ti; ahora deja de insultarme

Y me beso, como si fuera la primera vez.

Las lágrimas desaparecieron de mi cara, mi corazón acelerado envió sangre fresca a todo mi cuerpo. Una paz vino a mí al darme cuenta que, me amaba tan profundamente que él  veía más allá de lo que yo veía en mi misma. No me dio el anillo por quien soy yo, sino por quién es él.

Odiándome a mí mismo.

Al recordar esa historia, otra viene a mi mente, una donde yo digo “¡Me odio! ¿Porque no puedo ser como otros? Sigo haciendo mal, no puedo cambiar, y nunca voy a mejorar, ¡no valgo nada!”

Y Dios suavemente contesta, “Yo te forme a ti. Deja de insultarme. Yo te tejí para que seas original. Tus manos son MI diseño. YO conozco las profundidades de tu corazón, el gran abismo de tus pecados, y envié a mi Hijo, Jesucristo, para solucionarlo todo. YO tengo un propósito para cada fortaleza tuya y para cada fracaso que sucedió para ganarla. YO tengo un propósito para TODA debilidad que tú tienes, ya que MI fortaleza se perfecciona en tu debilidad. Tú no puedes cambiarte, pero YO te puedo cambiar. MIS propósitos son más grandes que tu visión. YO te he creado justo de la manera que lo pensé. YO te compre por el precio de mi HIJO y no tengo remordimientos. Ahora deja de insultarme.

El Regalo Eterno.

Amiga, esta salvación eterna es el regalo que se pagó antes de que tú nacieras y es justo a TU medida. Es irónico que no podamos tener la paz de SU regalo corriendo por nuestras venas hasta que tengamos el remordimiento de nuestros pecados limpiando el camino. Nadie puede peinar el pasto para encontrar SU regalo, y ninguno de nosotros merece su valor. Este regalo es nuestro por quien es EL, no por quienes somos nosotros. EL nos ama tanto que ve más allá de lo que vemos en nosotros mismos. Es maravilloso que justo cuando decimos, “¡Tengo tanto remordimiento!” EL contesta, “No puedes; ¡soy YO quien te compro!

Espero te sientas amada, porque lo eres.

Supongo que no soy un búfalo o una mariposa, ni una mezcla después de todo. Soy una nueva creatura en Cristo, y quiero que SU gloria se refleje en mi vida ¡como una pelota “disco”!

En Cristo,

Terri

Dios te tejió antes de que nacieras. Sal 139:13

Su fortaleza se perfecciona en tu debilidad. 2ª Cor 12:9

Soy una nueva creatura en Cristo: 2ª Cor 5:17

La Salvación es un regalo de Dios por quien es EL, no por quienes somos Ef 2:8-9

Confiesa tus pecados (con remordimiento) y serás perdonado 1ª Jn 1:9

El regalo para siempre: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16)

Mensaje en el Masaje. ¡Buena suerte con eso!

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Querida Lindsey,

Mientras estaba con mi tercer hijo, tenía el “Síndrome Pierna de Barbie” – Ese fue el termino que usaba para describir la sensación de que mi pierna se desprendía de mi cuerpo y era solo sostenida por una banda elástica.  Unknown-3Era bastante doloroso – casi al punto de que los dolores de parto me parecían un día de campo en comparación.  La vida cotidiana de una madre de dos niños activos, de 3 y 6 años de edad, se convirtió en una labor difícil; arrastrando mi pierna, un pie atrás de mi (es broma) y al mismo tiempo tratando no mostrar mi cojera.

Si, motivado por lograr que dejara de quejarme, o por ser considerado, mi amado esposo sugirió que fuera a tomar un masaje.  El solo pensar en una hora de silencio, me parecía demasiado bueno para ser verdad.

Y asi fue.  Tal vez mi terapista tomo mucho café, o tal vez tendría un interés genuino en mí, pero no paro de hablar en ningún momento, no hubo silencio.  ¿Cuándo darás a luz? ¿Son mellizos o trillizos?

imagesConmigo, esa segunda pregunta era común; casi tan pronto la segunda línea en la prueba de embarazo era evidente – la gente no podía creer mi tamaño, si solo cargaba un bebe.  Me sentía como si mi nombre hubiese sido a cambiado a “¡Caramba mujer!”  Ese parecía ser el saludo que todos me daban. ”Caramba, mujer pensé que no parirías por meses” “Caramba mujer, ¿qué comes?  “Caramba mujer, ¿cuantos bebes traes dentro? ¿estas segura que no se equivocaron?”

Una aeromoza intento mantenerme fuera de un vuelo cuando apenas llevaba la mitad del tiempo de embarazo.  Obviamente nerviosa por mi tamaño, como si estuviese apunto de parir, me pregunto, -“¿Puedes volar? “

Insultada y sin detener mi caminar conteste “En avión”

“Ya te vez embarazada, hasta de espaldas,” dijo uno de mis compañeros de trabajo.

“Lo único que se divide en estos momentos, son sus pantalones” respondió Unknown-2 alguien en la mesa  humorosamente (me pareció chistoso –mejor reír que llorar)  a la pregunta hecha por la mesera que si deseaba dividir mis fajitas para la cena.

Mis rodillas desaparecían en un bulto de fluido, para no volver a verse hasta después de parir. Cuando me doblaba para atar mis agujetas, pensaba, “¿Qué más puedo hacer mientras estoy acá abajo?”

Mi terapista continuaba con las preguntas, y mi sueño de una hora de silencio, se esfumo.

-¿Vas a tener mellizos? (No; y si estoy segura que no)

-¿Cuándo darás a luz? (4 semanas)

-¿Está nerviosa por el parto?

Esa era una pregunta difícil. En realidad estaba nerviosa por una parte del parto.  Tal vez recuerdes que con mi segundo hijo no hubo mucho tiempo.  Nació después de solo 4 contracciones, antes de que llegara la ambulancia, aún antes de que pudiere bajar las escaleras al primer piso de nuestra casa. Mi mama y Chris trajeron a Nate al mundo (9.5 libras-4.31 kg); bueno en realidad el llego solo y ellos lo recibieron.

Al principio de este embarazo el doctor me había hecho una pregunta similar, “¿Estas nerviosa de la posibilidad de parir en casa de nuevo?  “No, ¡estoy nerviosa de parir en medio de una tienda de comestibles!” conteste.

Pero tratando de terminar la conversación y por fin lograr obtener el deseado silencio, conteste.  “No, la verdad estoy más emocionada por saber si es niño o niña”

“¿No sabes si es niño o niña?  ¿Estas bromeando?   ¿No vas a saber el sexo?”

“Espero que sí, le voy a tener que vestir!”  Mi manera típica de contestar la misma pregunta.

Esto fue la controversia del resto de la hora de masaje, pues me preguntaba porque no había querido saber el sexo y cómo le hacía para esperar tanto tiempo, especialmente ya teniendo dos varones, cómo no estaba ansiosa por saber si sería una niña.

La hora termino, mi sueño de una hora de silencio se derrumbó.  Me baje de869 la mesa de masaje, de nuevo poniendo presión en la pierna y de nuevo la sensación de pierna desprendida regreso.  Después de pagarle a la recepcionista, mi terapista asomó la cabeza a la sala de espera para despedirse.  Mientras  me alejaba, cojeando,  del escritorio la terapista grito a mis espaldas “¡Buena suerte con el sexo!”

Enseguida sentí la necesidad de explicarle a todos en la sala de espera, gente extraña, viéndome caminar cojeando; “Quiere decir sexo del bebe,…, del bebe.  Mi bebe nace en 4 Semanas y no se su sexo, así que me está deseando buena suerte con eso.”

Mi hija nació una semana después…en el hospital.

Con Cariño,

Terri

Nadie Gana

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Querida Lindsey,

“Nadie gana un argumento”, puede ser cierto, pero aun así me tengo que reír de los jugadores profesionales de futbol (soccer). Se ven tan bien en la cancha, graciosamente atléticos… hasta que suena el silbato y comienza el teatro. Siguiendo al árbitro, gritando a sus espaldas; de verdad esperan que él se de media vuelta y les diga, “Bueno, ahora entiendo tu punto; gracias por  los gritos que me hicieron recapacitar, así que voy a revertir mi decisión frente a los cientos de miles de espectadores y sonar mi silbato contra el otro equipo.”  ¡Claro que no! Pero le gritan los pulmones al árbitro de todas maneras.

Los dimes y diretes entre hermanos es una tonada que suena en el asiento trasero de mi coche muy seguido, demasiado. Cuando mis dos más pequeños tenían cuatro y cinco años, entonaban el “¡Si tú!”, “¡Yo no!”, “¡Si tú!”… que tenían perfectamente memorizado para cualquier lugar u ocasión.

Yo he dicho muchas veces que los niños actúan de la manera que los adultos actuarían si no tuvieran el freno de la censura, creo que prefiero decir el “control” mental de mi boca, por lo menos en lo que respecta a las consecuencias, pero a veces tengo que reír por lo bajo de las cosas que los niños dicen… sería divertido poderlo decir uno también… aunque sea por un ratito.

Hace algunos años, esta era la conversación en el asiento trasero entre mis pequeños

(edades 4 y 5):

Christine: “¡Mira a TODAS esas vacas!”

J.R. : “Si, pero ¡mira! ¡Hay un caballo en medio!”

Christine: “No había un caballo, todas eran vacas.”Unknown

J. R.: “Si había un caballo, era café. Las vacas eran negras y había un caballo.”

Christine: “¡No, no había ningún caballo J.R.! Todas eran vacas. Los granjeros no ponen caballos  en el mismo corral con las vacas!”

J.R.: “Bueno ESE granjero si lo hace porque YO ¡VI UN CABALLO!”

Esto continuo y subió cada vez mas de tono, así que yo intercedí de manera calmada con esa “tonada de mamá” que parecía estar entonando continuamente…:

“Christine y J. R. por favor paren con esa contaminación auditiva. Recuerdan ¿Quién gana un argumento? NADIE. Así que por favor cambien de tema. Nunca vamos a saber si había o no un caballo. Discutir y discutir no va a convencer a nadie y solo nos molesta a todos. Solo Dios sabe si había un caballo o no.”

Hubo casi 30 segundos de silencio en el coche.

Después J.R. rompió el silencio y dijo con seriedad “Si. Y cuando llegue al cielo le voy a preguntar a Dios y Él te va a decir que era un caballo.”

Ja JA!

Mi hija Christine (ahora de 9) está leyendo “Como Ganar Amigos e Influir en las Personas” de Dale Carnegie para su clase de “negocios” en la escuela en casa. Se acercó a mí y me explico como ella no entiende porque alguien tiene que discutir por algo. “Todo lo que necesita hacer es estar de acuerdo con la otra persona y decir ‘lo siento’. Luego la otra persona no puede discutir más. Pero si los contradices, ¡ellos nunca se van a dar por vencidos!”

Me gustan sus pensamientos (y los de Dale Carnegie). Si fuera tan fácil hacerlo como decirlo, habría una reducción substancial de contaminación de ruido ¡en el planeta! Mientras tanto podemos esperar al día en que sabremos si había un caballo entre las vacas.  (sonrisa)

Bendiciones,

Terri

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