Aversión Felina

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Querida Lindsey,

Alrededor del primer cumpleaños de mi hijo, él tuvo una reacción alérgica casi mortal al probar la leche por primera vez.  Ronchas enormes decoraban su piel, la cual se hinchaba rápidamente; cambiando las proporciones de su cara a un estado irreconocible.  El tono de su llanto escalaba más y más alto causado,  como asumimos, por el estrechamiento de su  tráquea.  Benadryl alivió un poco la terrorífica situación, mientras  lidiaba con llamar a 911.

En el siguiente año, los especialistas confirmaron que Nathaniel, tenía alergia no solo a la leche, pero a los huevos, la soya y a la carne de res.  Los doctores estaban perplejos, ya que esta condición es normalmente hereditaria y el caso nunca se había visto en nuestras familias.

El diagnostico hizo muy difícil el visitar un restaurante sin causar una escena;  en la guardería de la iglesia lo dejaba con un letrero en la espalda que se leía “por favor no me alimentes” y mientras me alejaba oraba porque no bebiera del vasito de otro bebe accidentalmente.  Cuando viajábamos, algunos establecimientos fueron rápidamente descartados, mientras otros hacían hasta lo imposible para conseguirle algo al hermoso bebito para comer.  Una década después, las alergias alimenticias aun dan forma al evento social de los alimentos, a menudo haciéndole sentir marginado en todas partes, menos en casa.

A la edad de 5 años Nathaniel fue a visitar a sus primos, quienes tenían un gato.  Después

Gato

de regresar de la visita, nos rogaba por un gato para él.  “¡Por favor, me encanto su gato!  ¡Sus vecinos tienen gatitos!  ¡Nuestro gato puede tener gatitos y los podemos vender!  ¡Yo cuidare del gato solo!”

Fue entonces que me di cuenta de que por la severidad de sus alergias, nunca antes había yo mencionado las mías propias, menos severas.  Pensé que si le decía, se sentiría mejor.  “¿Sabes qué? Tal vez no te lo había mencionado, pero yo tengo alergia a los gatos.  Nunca podremos tener un gato en nuestra casa.”

Arqueo sus cejas y el lado izquierdo de sus labios mientras me veía de manera incrédula y me amonesto diciendo “¡Pero no te lo tienes que COMER!”

Espero esto halla traído tu sonrisa dada por Dios a tus labios.

Terri

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