Comezón por ser Fuerte

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Querida Lindsey,

Él luchaba entre la niñez y la hombría. Como el renacuajo aprendiendo a usar las piernas en lugar de tener cola, él estaba aprendiendo a vivir con mecanismos muy diferentes en su juventud. Las lágrimas brotaban con demasiada facilidad en sus ojos de 11 años y yo sabía que necesitaban menguar mientras su cuerpo maduraba para ser hombre.

Una noche, después de un brote de lágrimas porque alguien cambio las reglas del juego o alguna acción ligeramente injusta, intencionalmente ore por él, para que desarrollara al hombre que Dios había intencionado:

“Dios, te pido porque hagas a mi hijo fuerte.

-El tipo de fortaleza que le permita soportar las luchas.

-El tipo de fortaleza que le permita soportar las cargas de la familia que eventualmente tendrá.

-El tipo de fortaleza que persevera.

-El tipo de fortaleza que juega lastimado.

-El tipo de fortaleza que es un guerrero TUYO.”

Le pedí a Dios que me revelara mis propias “debilidades de mamá” donde pudiera estar yo atendiendo el lado suave de mi hijo, estorbando su crecimiento en hombría.

El día después de mi ferviente oración, le salieron ronchas en su abdomen. Tenía comezón y se quejaba, y francamente armo un escándalo por ello. Se veía comezón y desagradable, pero toda el área era de menor tamaño que mi mano. No era obvio que era lo que lo causaba pero sospechamos hiedra venenosa.

“¡Mama, no hay forma en que pueda jugar mi juego de futbol mañana!” me dijo. images

“Cuate, sé que tienes comezón, pero una vez que veas el balón en la cancha, te apuesto que la comezón le va a quedar chica a  tu deseo de anotar. Además, ¡tu equipo te necesita!” Le decía mientras metódicamente le lavaba las rochas con jabón especial, le ponía Calamine y le daba Benedryl.

Esa noche, me quede despierta tarde en mis “horas productivas,” preparándome para dar el disparo de salida  que comenzaría el día siguiente. Al pasar por su cuarto a las 2 am, vi a mi pobre hijo sentado en su cama, miserablemente abrazándose a el mismo, meciéndose adelante y atrás mientras lagrimas rodaban de sus cachetes hinchados. Las ronchas se esparcían como la hiedra que las causo – subían por su pecho hasta su cuello y cara, hinchando uno de sus ojos hasta casi cerrarlo. Bajaban por su estómago pasando dentro de sus muslos y llegaban a sus pies.

El. Estaba. Sufriendo.

Le di mas Benedryl, le aplique una capa de Calamine, y me di cuenta que no había nada más que yo pudiera hacer hasta que fuéramos al doctor. En silencio, me senté en su cama, acaricie suavemente su espalda y en silencio ore:

“Amado Señor. Tú conoces el dolor de mi hijo el día de hoy. Tu SABES lo que está sufriendo con su comezón y cuanto puede durar. Por favor, Dios, quítale la hiedra venenosa a mi hijo y sana su piel completamente”

Mientras estaba recostada en cama esa noche, pensé en su juego de soccer al día siguiente, y de cómo su entrenador no iba a entender que el faltara por “hiedra venenosa.” Imagine la llamada de teléfono que tendría hacer, haciendo énfasis en que tan fuerte era la reacción, ¡no eran un par de manchitas!

Al despertarme por la mañana, me sorprendió que mi hijo estuviera despierto. Se puso en pie, completamente vestido en su uniforme, viéndose en el espejo mientras el solo se aplicaba el Calamine.

“Puedo quedarme sentado aquí con comezón o puedo jugar un juego con mi equipo. Escojo jugar.” Respondió a la pregunta que no hice.

Yo estaba en shock. Yo había comenzado a crear escusas y decir como el ardor era más intenso de lo que originalmente ser veía; como iba a ser peor la comezón con el sudor; comenzaba a preguntarme si los demás lo entenderían, y un millón de excusas más para que el no saliera de la casa como un monstruo hinchado cubierto en pintura rosa.

Pero mis oraciones de las dos noches anteriores fueron contestadas, y mi “debilidad de mama” silenciada.

No solo jugo con su equipo ese día, pero ¡anoto! Un niño tenaz se convirtió en casey-opponenthombre – y su cuerpo lo alcanzo después.

(Nota: Si él no hubiera tenido la idea por el mismo, yo no sé si lo hubiera empujado a jugar el juego. Yo creo que el ser padres es una danza entre la compasión y la presión. Sin la primera, la segunda causa dolor y no necesariamente cambio. [Efesios 6:4])

Yo no afirmo que ser “fuerte” es en realidad la falta de lágrimas, o la falta de miedos, es sin embargo la habilidad de forzarte a ti mismo para ayudar a tu equipo, tu familia o alguien fuera de tu propia piel.

Pensé en mi oración de los días anteriores y me pregunto si Dios, ¡se ríe algunas veces de mí! En un momento estaba orando que mi hijo se convirtiera en un guerrero, y cuando EL permitió lo que el necesitaba para ser fuerte, yo inmediatamente ore que se lo quitara.

Estoy muy agradecida que Dios continuo en SU plan, y no me permitió estorbar.

Quizás hay algunos casos de “hiedra venenosa” en la vida de los cuales deberíamos estar agradecidos en lugar de resentidos: las luchas que nos hicieron fuertes; las pruebas que endurecieron nuestra piel; la resistencia que fortaleció los músculos.

¿O quizás hay algunas en mi vida en este momentos de las cuales debería estar aprendiendo en lugar de huyendo?

Porque yo me imagino que las respuestas a las oraciones a veces vienen disfrazadas de monstruos de comezón cubiertos en pintura rosa… antes de anotar el gol.

En amor,

Terri

Romanos 5:3-5 Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

“Nosotros oramos por plata, pero Dios frecuentemente nos da oro en su lugar.” –Martin Lutero.

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